- Las graves inconsistencias científicas difundidas por médicos, entes oficiales y medios de comunicación en los tiempos del COVID-19.
Las graves inconsistencias científicas difundidas por
médicos, entes oficiales y medios de
comunicación en los tiempos del COVID-19.
*Helmuth
Harold Medina Bolaño
Introducción
Por más que los medios de comunicación y los entes
oficiales quieran opacar o tratar de alterar lo que está sucediendo con el
COVID-19, es indiscutible que existen muchas inconsistencias sobre el tema, las
que proceden en su gran mayoría de los mismos organismos oficiales. Es
imposible obviar el hecho de que hay mucha información sobre esta enfermedad
que no soporta un análisis científico. Acerca de esto hablaremos en este
artículo y de lo insostenible que es negar que las vacunas causen efectos
adversos e incluso la muerte de algunas personas. Nos basaremos en
publicaciones y declaraciones de científicos e investigadores acreditados, los
que, si bien reconocen la labor que muchos médicos y entidades han hecho para
enfrentar esta situación de salud pública, no están de acuerdo con muchos
conceptos planteados, protocolos de tratamiento empleados y estrategias
desarrolladas. No está de más recordar que los médicos clínicos y las
entidades prestadoras de servicios de salud, reciben los protocolos de
tratamiento y las publicaciones científicas que lo respaldan, ya filtradas y establecidas.
Las que muchas veces han sido desarrolladas por profesionales de otras áreas
del conocimiento (biólogos, químicos, microbiólogos, ingenieros químicos, etc.)
o por las mismas empresas farmacéuticas
que promocionan un determinado tratamiento.
En este artículo responderemos a las siguientes
preguntas: ¿Son seguras y eficaces las vacunas contra el COVID-19? ¿Es la
prueba RT-PCR adecuada para el diagnóstico del COVID-19? ¿Cuál es el porcentaje
real de contagio y muerte por el COVID-19? ¿Cómo influye el estado
psicoemocional en la salud psicofísica de las personas? Y, por último,
contestaremos la necesaria pregunta: ¿de qué están enfermando y muriendo las
personas en estos tiempos del COVID-19?
Las vacunas son
seguras y eficaces
Aunque una gran parte de los medios de
comunicación e incluso profesionales de la salud repiten que las vacunas son
"seguras y eficaces"[1],
eso no es del todo cierto, pues, como consta en las investigaciones publicadas
en revistas científicas como "The Lancet", solo al finalizar la fase
4, que es en la que se encuentran en estos momentos las vacunas, se podrá
determinar dicha eficacia y seguridad[2];
en otras palabras, aún están en fase de ensayo clínico y no han sido aprobadas
legalmente, sino que se ha permitido aplicarlas gracias a un mecanismos legal que permite el uso de
productos médicos NO aprobados, llamado “Autorización de Uso de Emergencia”[3]
(EUA por sus siglas en inglés). Este es un permiso más no una aprobación y es
dado por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por su sigla en inglés)
de los Estados Unidos y por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Al
respecto, conviene anotar que las personas que se vacunan en esta fase
experimental 4 o de ensayo clínico 4 son, en realidad, "voluntarios"
que, bajo "consentimiento informado", aceptan ponerse la vacuna a
sabiendas de que se desconocen los efectos a mediano y largo plazo, librando de
cualquier responsabilidad legal a las compañías farmacéuticas.
En la actualidad, ninguna vacuna de ARN mensajero se
ha ensayado a gran escala[4], y
sobre las vacunas de DNA, dicen los científicos, todavía queda mucho por
investigar, para poder alcanzar en seres humanos el éxito obtenido en los
modelos animales[5].
Recordemos que
los datos de "seguridad y eficacia" de los que nos hablan las
empresas farmacéuticas y los entes oficiales están basados en la fase 3, la
cual solo duró un poco más de dos meses. Dicho de una manera más clara, los
vacunados son "conejillos de Indias" que están sirviendo para evaluar
qué tan eficaz y segura es la fase 4 de las vacunas, sobre las que ha dicho la
FDA que "son vacunas experimentales que no cuentan con licencia"[6].
En ese mismo orden de ideas, también es importante
comentar que existe un artículo que publicaron las Naciones Unidas en su portal
web en el que la Organización Mundial de la Salud de manera clara advierte
que "las vacunas no garantizan la erradicación de un virus"[7].
Sin embargo, escuchamos hablar en los diversos medios de comunicación de la efectividad del 95 % de la vacuna Pfizer-BioNTech, del 91.6 % de la Sputnik V, del 79.34 % de la Sinopharm, del 94.1% de la Moderna, del 50.3 % de la SinoVac, etc. Lo que no aclaran, o al menos no lo suficiente, es que allí no se está diciendo que de cien personas se van a proteger noventa y cinco, noventa y uno u ochenta, según el caso, o que si se contagian el cuadro va a ser menos severo o que no va a conducir a la muerte. De ninguna manera. Allí de lo que se habla es de lo que en epidemiología se llama reducción del riesgo relativo. Expresado de una manera más clara: el porcentaje del que se habla en los medios de comunicación y que fue dado a conocer por las farmacéuticas que desarrollaron las vacunas se basa en el riesgo relativo, lo cual es solo una parte de la ecuación. No se tiene en cuenta el tan importante riesgo absoluto, lo que ha sido uno de los puntos más fuertemente criticados por la comunidad científica independiente a las farmacéuticas que desarrollaron las vacunas.
Toda investigación científica, sobre todo en las de
esta índole, necesita de manera insoslayable los números de riesgo
absoluto, que al aplicarlos en esta ecuación nos darían una protección contra
el SARS-CoV-2 no mayor al 1 %. Léase bien: uno por ciento (Dra. Karina
Acevedo, 2021, PhD, inmunóloga, epidemióloga).
Sobre esto, los investigadores de EUFIC (The European
Food Information Council) nos dicen: "Los riesgos relativos a menudo se
informan en los titulares de los periódicos, pero sin el contexto de riesgo
absoluto (o de referencia) esta información carece de sentido"[8]. Y
aunque parezca que los números deben ser objetivos y confiables, hay muchas
maneras en que se pueden usar para distorsionar la verdad[9].
Criterios para
evaluar la eficacia de una vacuna
Ya entrados en el tema, aclaremos otros puntos que
también son muy interesantes. En un ensayo de vacuna, lo que se debería tener
en cuenta para evaluar la eficacia es: 1) que prevenga la infección, 2) que
prevenga el desarrollar síntomas de la enfermedad, aunque estos solo sean
moderados; 3) que prevenga síntomas severos; 4) que evite el ingreso a cuidados
intensivos y que prevenga la muerte; 5) que prevenga la transmisión de la
enfermedad[10]. Lo que vemos es que todas las vacunas en sus
ensayos se han enfocado solo en determinar, uno, dar o no positivo al test
RT-PCR, y dos, que los pacientes presenten uno o dos signos leves o
moderados, que pueden ser fiebre, tos o dolor de cabeza. Con respecto a la
severidad del cuadro de COVID-19 y si nos contagiamos después de estar
vacunados, por ejemplo, los ensayos clínicos de las vacunas no nos dan
información.
Datos públicos
sobre las reacciones adversas de las vacunas covid-19
Existen muchos datos sobre las reacciones adversas que
son de dominio público y que toda persona puede por su cuenta investigar;
por eso, no profundizaremos en el tema. Pueden dirigirse a las referencias
bibliográficas y a las páginas oficiales, como la del Sistema de Reportes de
Eventos Adversos Provocados por las Vacunas (VAERS, por su sigla en
inglés) de Estados Unidos o a la del Reino Unido, que presenta una sección
denominada "Investigación y Análisis Reacciones Adversas a la Vacuna
contra el COVID-19". Algunos ejemplos de temas de fácil ubicación a
continuación.
353 reacciones adversas graves, 44 muertes
postvacunales, 25 anafilaxias, 24 discapacidades permanentes, 41 parálisis
faciales, al 16 de enero de 2021 en Estados Unidos[11].
Las muertes y los efectos postvacunales reportados al día 4 de marzo de 2021
por el Gobierno británico en su página oficial[12].
La suspensión de la vacunación en Dinamarca, Austria, Luxemburgo, Letonia,
Estonia, Lituania, España, Alemania, Francia y Portugal por reportes de
coágulos. Los 31 casos de trombosis postvacunal, reconocidos de manera oficial
por el Instituto Paul-Ehrlich de Alemania.
Las 360 reacciones alérgicas registradas en México al día 14 de enero de
2021[13].
La muerte de algunos pacientes que desarrollaron trastornos sanguíneos tras
recibir la vacuna[14]
y 36 casos similares en Estados Unidos, reportados de manera oficial al
Sistema de Reportes de Eventos Adversos Provocados por las Vacunas (VAERS).
Porcentaje real
de contagio y muerte por el COVID-19
Antes de continuar, queremos aclarar que para nosotros
es un hecho lamentable el fallecimiento de cualquier ser humano por cualquier
razón y bajo cualquier circunstancia. Eso no está en discusión.
Continuando con los números y porcentajes que
hemos venido analizando, aceptemos, para poder realizar el siguiente
ejercicio, que los datos y cifras publicados en las páginas oficiales son
correctos y que el reporte del primer caso de COVID-19 fue en diciembre de
2019. Nos encontramos, entonces, con que han transcurrido quince meses desde el
inicio de esta situación de salud que nos ocupa. En el mundo se puede
estimar que viven unos 7.700.000.000 de personas, según los datos más recientes
de la ONU (2019), que es la fuente más fiable al respecto. A la fecha de la
presente publicación, están reportados 121.500.000 infectados, 69.000.000 recuperados
y 2.600.000 fallecimientos por esta causa. Téngase en cuenta que los
recuperados no son descontados de la sumatoria o estadística total diaria de
infectados.
Basados en estos datos, podemos colegir que solo el
1.5 % de la población mundial ha sido contagiada en estos quince meses;
concediendo el beneficio de la duda de que todos los casos han sido
bien diagnosticados, únicamente el 0.033 % de la población mundial ha muerto
por esta causa. Recordemos también que epidemiológicamente las tasas de
morbilidad y de mortalidad se sacan por año; cumplidos los doce meses, se hace
cierre estadístico y se vuelve a contabilizar. En el caso del COVID-19, los
números se siguen sumando y así ya llevamos un año y tres meses.
El estado
psicoemocional en la pandemia
Partiendo del punto anterior, donde se demuestra
estadística y científicamente el porcentaje real de morbilidad y letalidad,
podemos inferir que el estrés, la ansiedad, el terror generado por los medios
de comunicación y el estado de pánico en que han estado las personas durante
estos quince meses no son proporcionales a lo que nos muestran los datos
científicos, con el consecuente daño que esto puede haber acarreado a la salud
mental, orgánica y social de la población.
Si bien es cierto que el ser humano está preparado en
forma natural para reaccionar frente a ciertos niveles de estrés liberando
adrenalina y cortisol, hormonas que nos permiten estar alerta y protegernos
ante situaciones amenazantes o de peligro, cuando el estrés negativo o distrés
se prolonga en el tiempo y se torna crónico afecta nuestro sistema inmune y
nuestra salud en general. "Se ha demostrado que el estrés psicológico
crónico disminuye el número de células B, que son aquellas que producen
anticuerpos, así como la funcionalidad y la actividad de las células Natural
Killer --NK, por sus siglas en inglés--. Ambas están dentro del grupo de los
linfocitos y tienen una función primordial en la defensa del organismo
ante infecciones bacterianas, virales y micóticas" (Dra. Carolina Díaz,
inmunóloga). O cuando el distrés es el resultado de un impacto repentino que
sobrepasa en demasía la capacidad de resistencia y de adaptación[15]
(Dr. Hamer). Un ejemplo de esto último pueden ser las tan frecuentes malas
noticias que dan algunos médicos o los medios de comunicación con el constante
bombardeo de la prensa amarillista, lo que puede desencadenar graves alteraciones
psicofísicas. Hasta el simple hecho de salir positivo en la prueba RT-PCR, puede
llegar a ser percibido como una sentencia muerte, debido a la sobreexposición
de información negativa. Lo que puede llegar a ser fatal en las personas
susceptibles.
Si a las personas se les explicaran de manera adecuada
las probabilidades reales de letalidad que existen con base en datos
científicos, es muy posible que ya no se perciba la situación como un
hecho nefasto en el que se está condenado inevitablemente. Mucho menos si lo
cotejamos con los 10.000.000 que de manera lamentable murieron por cáncer en el
2020[16];
los 120.859 fallecimientos por enfermedad cardiovascular registrados solo en
España en el 2018, según el Instituto Nacional de Estadística[17];
y con la neumonía, que anualmente afecta entre un 5 y un 11 % de la población,
razón de la muerte de 920.136 niños menores de cinco años[18],
y que es considerada la primera causa de muerte por enfermedad
infecciosa en el mundo[19].
Esta, junto con las enfermedades cardiovasculares y las respiratorias,
son, según la OMS, las causas principales de defunción en el mundo[20].
Diagnósticos
equivocados
Un estudio de los Dres. Daniel Howdon, Jason Oke y
Carl Heneghan, del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad
de Oxford encontró que 30 % de muertes en el Reino Unido atribuidas al COVID-19
habían sido por otras causas. Sobre esto, los autores nos dicen que "mucha
gente murió con coronavirus, pero no debido a este". Así, "alguien
que murió por un accidente de tráfico y estaba contagiado no debería contar
como muerte por coronavirus, ni tampoco una persona que haya sufrido un ataque
cardíaco sin que haya tenido incidencia el virus[21]".
Este es un estudio que debería replicarse en todos los países, porque es sabido
que ocurren errores de diagnóstico. Una investigación de la Clínica Mayo del
año 2017 señaló que el diagnóstico equivocado es una realidad para más del 20 %
de los pacientes[22].
El problema más grave de todo esto radica en
que esta información es ignorada la mayoría de las veces y en otras no es
dada a conocer ni por los entes oficiales ni por los medios de comunicación. En
este sentido, es trascendental el papel que juegan los que controlan las
plataformas de las redes sociales y los medios de comunicación.
Es evidente que muchos divulgadores de información
(médicos, entes oficiales, medios de comunicación) no se han tomado la
tarea de ir a las fuentes directas, se quedan en las explicaciones que dan
expertos con serios conflicto de interés y así terminan por repetir la misma
información sesgada. No investigan más allá ni recogen la otra versión de la
mano de científicos independientes; no son capaces de indagar y recoger
los testimonios ni datos directos, y con base en eso tratan de coartar a los
que presentan una versión diferente del tema. Sobre esto, la periodista Aurora
García Mateache nos recuerda que "cualquiera puede opinar, pero a veces
hay que saber antes de hablar" y el profesor Ricardo Moreno en esa
dirección nos dice que “el espíritu crítico sin conocimiento es charlatanería,
un fanático es un ignorante lleno de espíritu crítico” y esto es lo que vemos
incluso en las ciencias.
Extraños razonamientos
en los tiempos de COVID-19
Observemos un poco la lógica que aplica la mayoría de
las personas, incluyendo en esto a muchos profesionales de la salud (los cuales
también son víctimas), lógica que se ha impregnado y es resultado de lo
que han vendido como verdad los medios de comunicación.
Si alguien muere luego de vacunarse, aunque no
tuviera ninguna enfermedad previa y poseyera un demostrable buen estado de
salud, se alega de inmediato que la vacuna no puede ser, que no hay pruebas,
que debe ser por otra causa y buscarán el mínimo problema de salud
para justificar la muerte. Sin embargo, es todo lo contrario si alguien muere
teniendo varias enfermedades como antecedente, incluso si ya ha sobrepasado el
tiempo de vida pronosticado por su mal estado de salud. Lo diagnostican
"ipso facto" como muerte por COVID-19 solo porque un test RT-PCR sobre
el que hay serias dudas, dio positivo. Sobre esta prueba la Dra. Susanne H.
Hodgson y su grupo de investigación en la prestigiosa revista "The Lancet
Infectius Diseases” nos dicen “la sensibilidad de la RT-PCR cuantitativa, el
ensayo estándar de oro actual para el diagnóstico de SARS-CoV-2, es imperfecta
y está influenciada por variables como la carga viral, el tipo de muestra y el
momento”.
El test RT-PCR y
el diagnóstico de COVID-19
Hemos dicho que hay serias dudas sobre la prueba RT-PCR porque, primero, en palabras de los
El dar positivo
en la RT-PCR es solo una probabilidad
Como
resultado de todas las críticas hechas por la comunidad científica independiente,
la Organización Mundial de la Salud terminó por reconocer, en un comunicado de
prensa el 20 de enero de 2021, que la prueba RT-PCR, que se utiliza para
diagnosticar el COVID-19, no garantiza, al dar positiva, que la persona esté
necesariamente infectada, como hasta ahora muchos médicos y personal de salud
han venido creyendo y diciendo. El dar positivo en dicha prueba es solo una
probabilidad, es solo un ítem que debe ser cuidadosamente confirmado con el
resto de criterios: la observación clínica (signos y síntomas), los
antecedentes de las enfermedades del paciente (enfermedades ha sufrido o está
padeciendo al momento del test), el determinar si hay personas cercanas al
paciente afectadas de manera moderada o severa y la información epidemiológica[26]
(distribución, frecuencia y factores determinantes de la afección).
Téngase
en cuenta que la OMS había dado a conocer en su momento que no importaba la
causa de muerte del paciente: si tenía el test positivo, en el acta de
defunción debía aparecer "muerte por SARS-CoV-2" (Dr. Leonardo
González Vayona, médico familiar). Esto contribuyó a aumentar las cifras
estadísticas.
Podemos
colegir de lo anterior que muchos pacientes no murieron por COVID-19 en
realidad, sino que fallecieron con COVID-19. Es decir, la muerte fue por otra
causa, pero como la RT-PCR dio positiva, en el acta aparece "muerte por
COVID-19". Esto, a pesar de que la OMS, el 20 de abril de 2020, había
entregado de manera clara la "orientación internacional para la certificación
y clasificación (codificación) del COVID-19 como causa de muerte[27]".
Ajustes a la prueba RT-PCR para evitar más falsos positivos
La OMS, luego de casi un año de uso inexacto, recomendó a los entes encargados en cada país de las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos en las que se utiliza la reacción de la polimerasa (PCR) para detectar SARS-CoV-2 realizar los respectivos ajustes, debido a que inicialmente había indicado, de manera inadecuada, 45 ciclos de "amplificación" de la prueba para determinar si alguien ara positivo para COVID-19 o no. La cuestión es que entre más ciclos atraviesa una prueba más probabilidades hay de que surja un falso positivo. Cualquier valor superior a 30 ciclos es, para muchos expertos, una aberración porque esto en realidad magnifica las muestras tanto que incluso las secuencias insignificantes de ADN o de ARN viral terminan ampliándose hasta el punto de que la prueba da positivo incluso si la carga viral es extremadamente baja o si el virus está inactivo y no representa una amenaza ni para el paciente ni para nadie. Lo que eso significa en lenguaje sencillo es que cuantos más ciclos atraviesa una prueba más falsos positivos se reportan. Ahora, con los umbrales de PCR más bajos de la OMS, está prácticamente garantizado que el número de "casos" de infectados disminuirá drástica y automáticamente en todo el mundo[28]. Es seguro que se les otorgará a las vacunas recién salidas el éxito de tal disminución.
Por otra parte, en un boletín de principios de 2021, la misma Organización Mundial de la Salud publicó un metanálisis del Dr. John P A Iannidis en el que este demostró que la tasa de letalidad por COVID-19, calculada a partir de datos de seroprevalencia, fue del 0.27 % y corregida da un 0.23 %. El autor concluye que las tasas de letalidad por infección que se calculan tienden a ser más bajas que las estimaciones realizadas a principios de la pandemia[29].
Los
asintomáticos
Decir que
los asintomáticos contagian o que están enfermos es un error rotundo, ya que
esto va en contra de todas las enseñanzas médicas. Muchos expertos están de
acuerdo en que, aunque el test RT-PCR dé positivo, si no hay signos y síntomas
no hay enfermedad (Dr. Luis Marcelo Martínez, genetista, Msc. en biología
molecular). Ahora, cualquier ser humano sano es portador de un sinnúmero de
microorganismos en la cavidad orofaríngea; este es uno de los hábitats más
densamente poblados del ser humano. Contiene alrededor de 6 mil millones de bacterias y potencialmente 35
veces más de virus[30],
incluyendo varios tipos de coronavirus a los cuales la prueba RT-PCR puede
"ser sensible". Es importante clarificar, por tanto, que la presencia
de un solo microorganismo definido como patógeno no es suficiente para que
la enfermedad se establezca. Sobre este punto Hodgson y colaboradores nos
dicen: “la mayoría de las pruebas de RT-PCR no distinguen entre virus viable,
vivos transmisibles y la presencia de ARN no infeccioso”.
Las nuevas
variantes, no son nuevas cepas.
La
virología clásica en su literatura científica, muestra de manera clara la
diferencia entre una mutación, una variante y una nueva cepa. La mutación es
cuando se presentan pequeños cambios o errores a nivel genético a la hora de
replicarse y copiar su ácido nucleico. Las variantes son la acumulación o
agrupación de muchas mutaciones importantes. Una cepa es cuando surgen
demasiadas mutaciones provocando un cambio sustancial, lo que supone el
surgimiento de una nueva especie de virus. Tenemos entonces, que los virus
cambian constantemente a través de la mutación. Es natural, frecuente y esperado
que aparezcan nuevas mutaciones y variantes con el pasar del tiempo. Sin
embargo, hasta ahora no hay evidencias científicas de una mayor
transmisibilidad ni letalidad por mutaciones recurrentes en el SARS-CoV-2[31]".
que indiquen que las nuevas variantes
sean más severas, con efectos biológicos nocivos o el surgimiento de una
nueva cepa.
Conclusión
En este artículo no pretendemos, de ninguna manera, negar que sea posible
que un porcentaje de los enfermos y de los muertos en estos tiempos haya sido
por COVID-19. Lo que sí afirmamos y demostramos es que es indiscutible que
muchos casos de morbilidad y mortalidad han sido por causas diferentes al
SARS-CoV-2. Es por esto que se hace indispensable perfeccionar la metodología
diagnóstica y en consecuencia el modelo de tratamiento. Es un hecho que existen serias inconsistencias, mucho desconocimiento y
demasiada confusión sobre el tema que nos atañe, no solo por parte de las
personas del común, sino también de profesionales de la salud, de entes
oficiales y de los medios de comunicación. Las evidencias nos muestran que no
todo lo que nos han dicho los entes oficiales y los medios de comunicación ha
sido correcto.
Es por esto que, con base en las evidencias presentadas,
se hace necesario contestar de manera precisa la última pregunta formulada en
este artículo: ¿de qué están enfermando y muriendo las personas en estos
tiempos? Sobre todo porque ya sabemos
que este “agente infeccioso” es igual de agresivo que el de otras patologías. Las
estadísticas actuales nos muestra que no hay más muertos hoy en el mundo que en
otros años; incluso, hay países en
lo que ha habido menos que en años anteriores (Dr. José Luis Gettor,
emergentólogo). La RT-PCR, considerada “la prueba reina”, no ha sido idónea
para diagnosticar si hay o no COVID-19; por tanto, muchos pacientes han sido
mal diagnosticados y a su vez mal atendidos. Sumemos a esta ecuación la
incertidumbre, el estrés, la ansiedad, el estado de confusión, temor y pánico
inducido consciente o inconscientemente por profesionales de la salud, por
los entes oficiales y por los medios de
comunicación, lo que ha contribuido a generar o agravar la salud sociopsicoemocional de muchos
pacientes.
Entonces, ¿cuál es la causa de los enfermos y fallecidos?
Tenemos que entender que todos los días las personas
enferman, pueden lesionarse o llegar a morir por muchas causas o afecciones
variadas. Pero a partir de diciembre de 2019 ocurrió un fenómeno inaudito en la
historia de la medicina: muchas enfermedades se fusionaron en un solo
diagnóstico, COVID-19. En estos últimos 15 meses, un test con serias dudas y un
umbral muy alto de sensibilidad determinó quién estaba enfermo y quién no. Basándose
en esto, se establecieron criterios diagnósticos, protocolos de tratamiento e
incluso se evalúa con él la eficacia de las vacunas.
Para ser exactos, las personas en realidad siguen
muriendo por las mismas causas que siempre han muerto: cardiopatía isquémica,
accidentes cerebrovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica,
infecciones de las vías respiratorias inferiores, afecciones neonatales, cáncer
(de tráquea, bronquios y pulmón), enfermedad de Alzheimer y otras demencias,
enfermedades diarreicas, diabetes mellitus
y nefropatías. Estas han sido, según la OMS, las diez causas principales de
defunción entre el año 2000 y el 2019[32];
a partir de allí, gran parte de los diagnósticos de manera extraordinaria se
fusionaron en uno solo. Inclusive, se habla ya muy poco de la gripe o influenza
y de sus estragos anuales, los que han llegado a causar 5.000.000 de casos de
enfermedad grave y más de 650.000 muertes por año; afectando entre un 10 % a un
20 % de la población mundial[33].
Es importante
conocer que, según datos suministrados por la Organización Mundial de la Salud,
la cardiopatía isquémica pasó de 2 millones de defunciones en el 2000 a 8,9
millones en el 2019, cifra que superan en lejos a los 2.600.000 de fallecidos
en los más de 15 meses de haber iniciado el COVID-19. El accidente
cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son la segunda y
tercera causas de defunción y representan aproximadamente el 11 % y el 6 % del
total de muertes, respectivamente. Recordemos nuevamente que el COVID-19 tuvo,
en un año y tres meses, un total de fallecidos solo del 0,033 % sobre la
población mundial. Las infecciones de las vías respiratorias inferiores sigue
siendo la enfermedad transmisible más mortal del mundo; en 2019, ya se habían cobrado
2.6 millones de vidas antes de que surgiera la situación de salud pública
actual. Sobre la preocupante coagulación
intravascular diseminada (CID), tema que ha cobrado bastante importancia en
estos tiempos, encontramos, que la Clínica Mayo de Minnesota (Estados
Unidos) en un estudio realizado durante 7 años, entre el 2004 al 2010, reportó
una mortalidad entre un 22 % y 46 %[34].
En estos meses, hemos visto como muchos profesionales
de la salud y medios de comunicación, se han olvidado destacar la capacidad
intrínseca de autoregeneración y autorecuperación que poseemos los seres humanos.
Tenemos que recordar, que no somos
simples víctimas indefensas frente a un mundo hostil o frente a un enemigo
infalible. En cada ser humano existe una capacidad natural de autocuración que
nos acompaña como especie y como individuos desde el principio de los tiempos.
Si es estimulada de manera adecuada y no entorpecemos su función, nos ayudará a
mantener nuestra capacidad curativa trabajando en nuestro beneficio. Eso jamás
hay que olvidarlo.
Antes de finalizar, querríamos expresar nuestro deseo de
que este trabajo permita a los profesionales de la salud, a los investigadores, a los científicos, a los
medios de comunicación oficiales y sociales y a las personas en general ver una
cara diferente de la situación de emergencia sanitaria, para que así se continúe con trabajos investigativos que
ayuden a clarificar más el tema que nos ocupa. Tenemos claro que no es fácil
que las personas cambien su manera de ver las cosas, debido a que los
condicionamientos mentales dificultan entender desde otra perspectiva las
situaciones que se presentan. Pero consideramos que la ciencia se basa en
evidencias, no en creencias ni opiniones, aunque estas provengan de entidades
influyentes mundialmente ni de investigadores o científicos célebres
graduados en universidades renombradas. Recordemos siempre que las mentiras se
pueden disfrazar de verdad, que se puede llegar a mostrar a un mártir como si
fuera un delincuente. Hay que estar muy conscientes y atentos a esto y tener
presentes las siguientes frases: "En una época de engaño universal, decir
la verdad es un acto revolucionario" (George Orwell); "Aunque la
verdad esté en minoría, sigue siendo verdad" (Mahatma Gandi).
Referencias
bibliográficas
Hemos puesto los link directos en las referencias bibliográficas para que sea fácil para el lector dirigirse a la información mencionada.
[1] https://www.redaccionmedica.com/recursos-salud/diccionario-enfermedades/efectos-secundarios-vacunacion
[2] https://www.thelancet.com/article/S1473-3099(20)30773-8/fulltext#%20
[3] https://www.fda.gov/emergency-preparedness-and-response/coronavirus-disease-2019-covid-19/covid-19-vaccines
[4] https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2770485
[5]
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0036-36342009000900012
[6] https://www.fda.gov/emergency-preparedness-and-response/coronavirus-disease-2019-covid-19/covid-19-vaccines
[7] https://nacionesunidas.org.co/onu-internacional/covid-19-las-vacunas-no-garantizan-la-erradicacion-de-un-virus-advierte-la-oms/
[8] https://www.eufic.org/es/comprender-la-ciencia/articulo/riesgo-absoluto-vs-riesgo-relativo-cual-es-la-diferencia
[9] https://www.dietdoctor.com/es/riesgo-absoluto-y-relativo
[10] https://www.thelancet.com/article/S1473-3099(20)30773-8/fulltext#%20
[11] https://vaers.hhs.gov/reportevent.html
[12] https://www.gov.uk/government/publications/coronavirus-covid-19-vaccine-adverse-reactions
[13] https://www.infobae.com/america/mexico/2021/01/14/mexico-registro-360-reacciones-alergicas-por-la-vacuna-covid-19-de-pfizer/
[14] https://www.nytimes.com/es/2021/02/11/espanol/vacuna-covid-trastorno.html
[15] http://www.newmedicine.ca/spanish_overview.php
[16] https://cnnespanol.cnn.com/video/cancer-muertes-covid-coronavirus-2020-perspectivas-buenos-aires/
[17]https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176780&menu=resultados&idp=1254735573175#!tabs-1254736194710
[18] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/pneumonia
[19]https://cinfasalud.cinfa.com/p/neumonia/#:~:text=La%20mortalidad%20a%20medio%20y,infantil%20en%20todo%20el%20mundo
[20] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/the-top-10-causes-of-death
[21] https://www.eltiempo.com/salud/coronavirus-30-de-muertes-en-reino-unido-habrian-sido-por-causas-diferentes-al-virus-538985
[22] https://www.tododiagnostico.com/diagnostico/diagnostico-equivocado/
[23] https://off-guardian.org/2020/06/27/covid19-pcr-tests-are-scientifically-meaningless/
[24] https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808
[25] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32780793/
[26] https://www.who.int/es/news/item/20-01-2021-who-information-notice-for-ivd-users-2020-05
[27] https://www.who.int/classifications/icd/Guidelines_Cause_of_Death_COVID-19-20200423_ES.pdf?ua=1
[28] https://childrenshealthdefense.org/defender/who-admits-covid-pcr-test-has-a-problem/
[29] https://www.who.int/bulletin/volumes/99/1/20-265892-ab/es/
[30] http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-75072017000100008
[31] https://www.who.int/bulletin/volumes/99/1/20-265892-ab/es/
[32]
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/the-top-10-causes-of-death
[33]
http://www.medicosypacientes.com/articulo/las-epidemias-anuales-de-gripe-pueden-llegar-causar-hasta-650000-muertes
[34]
http://www.scielo.org.co/pdf/reus/v20n3/2389-7066-reus-20-03-00283.pdf


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