Las graves inconsistencias científicas difundidas por médicos, entes oficiales y medios de comunicación en los tiempos del COVID-19.

 



Las graves inconsistencias científicas difundidas por médicos, entes oficiales y  medios de comunicación en los tiempos del COVID-19.

*Helmuth Harold Medina Bolaño

*Líder del grupo de investigación: ciencia, tecnología e innovación en medicina y terapias alternativas (MINCIENCIA).
Bachelor of arts in health in science (B.A); Psicología clínica; (Lic. DHom Med) Institute of Homeopathic Medicine; Master en medicina homeopática; Medicina interna (ACP) American College of Physicians (Medical Knowledge Self-Assessment) 
E-mail: investigacion@serhumano.com.co


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 Introducción

Por más que los medios de comunicación y los entes oficiales quieran opacar o tratar de alterar lo que está sucediendo con el COVID-19, es indiscutible que existen muchas inconsistencias sobre el tema, las que proceden en su gran mayoría de los mismos organismos oficiales. Es imposible obviar el hecho de que hay mucha información sobre esta enfermedad que no soporta un análisis científico. Acerca de esto hablaremos en este artículo y de lo insostenible que es negar que las vacunas causen efectos adversos e incluso la muerte de algunas personas. Nos basaremos en publicaciones y declaraciones de científicos e investigadores acreditados, los que, si bien reconocen la labor que muchos médicos y entidades han hecho para enfrentar esta situación de salud pública, no están de acuerdo con muchos conceptos planteados, protocolos de tratamiento empleados y estrategias desarrolladas. No está de más recordar que los médicos clínicos y las entidades prestadoras de servicios de salud, reciben los protocolos de tratamiento y las publicaciones científicas que lo respaldan, ya filtradas y establecidas. Las que muchas veces han sido desarrolladas por profesionales de otras áreas del conocimiento (biólogos, químicos, microbiólogos, ingenieros químicos, etc.)  o por las mismas empresas farmacéuticas que promocionan un determinado tratamiento.

En este artículo responderemos a las siguientes preguntas: ¿Son seguras y eficaces las vacunas contra el COVID-19? ¿Es la prueba RT-PCR adecuada para el diagnóstico del COVID-19? ¿Cuál es el porcentaje real de contagio y muerte por el COVID-19? ¿Cómo influye el estado psicoemocional en la salud psicofísica de las personas? Y, por último, contestaremos la necesaria pregunta: ¿de qué están enfermando y muriendo las personas en estos tiempos del COVID-19?



Conclusión 

En este artículo no pretendemos, de ninguna manera, negar que sea posible que un porcentaje de los enfermos y de los muertos en estos tiempos haya sido por COVID-19. Lo que sí afirmamos y demostramos es que es indiscutible que muchos casos de morbilidad y mortalidad han sido por causas diferentes al SARS-CoV-2. Es por esto que se hace indispensable perfeccionar la metodología diagnóstica y en consecuencia el modelo de tratamiento. Es un hecho que existen serias inconsistencias, mucho desconocimiento y demasiada confusión sobre el tema que nos atañe, no solo por parte de las personas del común, sino también de profesionales de la salud, de entes oficiales y de los medios de comunicación. Las evidencias nos muestran que no todo lo que nos han dicho los entes oficiales y los medios de comunicación ha sido correcto.

Es por esto que, con base en las evidencias presentadas, se hace necesario contestar de manera precisa la última pregunta formulada en este artículo: ¿de qué están enfermando y muriendo las personas en estos tiempos?  Sobre todo porque ya sabemos que este “agente infeccioso” es igual de agresivo que el de otras patologías. Las estadísticas actuales nos muestra que no hay más muertos hoy en el mundo que en otros años;      incluso, hay países en lo que ha habido menos que en años anteriores (Dr. José Luis Gettor, emergentólogo). La RT-PCR, considerada “la prueba reina”, no ha sido idónea para diagnosticar si hay o no COVID-19; por tanto, muchos pacientes han sido mal diagnosticados y a su vez mal atendidos. Sumemos a esta ecuación la incertidumbre, el estrés, la ansiedad, el estado de confusión, temor y pánico inducido consciente o inconscientemente por profesionales de la salud, por los  entes oficiales y por los medios de comunicación, lo que ha contribuido a generar o  agravar la salud sociopsicoemocional de muchos pacientes.

Entonces, ¿cuál es la causa de  los enfermos y fallecidos?

Tenemos que entender que todos los días las personas enferman, pueden lesionarse o llegar a morir por muchas causas o afecciones variadas. Pero a partir de diciembre de 2019 ocurrió un fenómeno inaudito en la historia de la medicina: muchas enfermedades se fusionaron en un solo diagnóstico, COVID-19. En estos últimos 15 meses, un test con serias dudas y un umbral muy alto de sensibilidad determinó quién estaba enfermo y quién no. Basándose en esto, se establecieron criterios diagnósticos, protocolos de tratamiento e incluso se evalúa con él la eficacia de las vacunas.

Para ser exactos, las personas en realidad siguen muriendo por las mismas causas que siempre han muerto: cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, infecciones de las vías respiratorias inferiores, afecciones neonatales, cáncer (de tráquea, bronquios y pulmón), enfermedad de Alzheimer y otras demencias, enfermedades diarreicas, diabetes mellitus y nefropatías. Estas han sido, según la OMS, las diez causas principales de defunción entre el año 2000 y el 2019[34]; a partir de allí, gran parte de los diagnósticos de manera extraordinaria se fusionaron en uno solo. Inclusive, se habla ya muy poco de la gripe o influenza y de sus estragos anuales, los que han llegado a causar 5.000.000 de casos de enfermedad grave y más de 650.000 muertes por año; afectando entre un 10 % a un 20 % de la población mundial[35].

 Es importante conocer que, según datos suministrados por la Organización Mundial de la Salud, la cardiopatía isquémica pasó de 2 millones de defunciones en el 2000 a 8,9 millones en el 2019, cifra que superan en lejos a los 2.600.000 de fallecidos en los más de 15 meses de haber iniciado el COVID-19. El accidente cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son la segunda y tercera causas de defunción y representan aproximadamente el 11 % y el 6 % del total de muertes, respectivamente. Recordemos nuevamente que el COVID-19 tuvo, en un año y tres meses, un total de fallecidos solo del 0,033 % sobre la población mundial. Las infecciones de las vías respiratorias inferiores sigue siendo la enfermedad transmisible más mortal del mundo; en 2019, ya se habían cobrado 2.6 millones de vidas antes de que surgiera la situación de salud pública actual. Sobre la preocupante coagulación intravascular diseminada (CID), tema que ha cobrado bastante importancia en estos tiempos, encontramos, que la Clínica Mayo de Minnesota (Estados Unidos) en un estudio realizado durante 7 años, entre el 2004 al 2010, reportó una mortalidad entre un 22 %  y 46 %[36].

En estos meses, hemos visto como muchos profesionales de la salud y medios de comunicación, se han olvidado destacar la capacidad intrínseca de autoregeneración y autorecuperación que poseemos los seres humanos. Tenemos que recordar,  que no somos simples víctimas indefensas frente a un mundo hostil o frente a un enemigo infalible. En cada ser humano existe una capacidad natural de autocuración que nos acompaña como especie y como individuos desde el principio de los tiempos. Si es estimulada de manera adecuada y no entorpecemos su función, nos ayudará a mantener nuestra capacidad curativa trabajando en nuestro beneficio. Eso jamás hay que olvidarlo.

Antes de finalizar, querríamos expresar nuestro deseo de que este trabajo permita a los profesionales de la salud,  a los investigadores, a los científicos, a los medios de comunicación oficiales y sociales y a las personas en general ver una cara diferente de la situación de emergencia sanitaria, para que así  se continúe con trabajos investigativos que ayuden a clarificar más el tema que nos ocupa. Tenemos claro que no es fácil que las personas cambien su manera de ver las cosas, debido a que los condicionamientos mentales dificultan entender desde otra perspectiva las situaciones que se presentan. Pero consideramos que la ciencia se basa en evidencias, no en creencias ni opiniones, aunque estas provengan de entidades influyentes mundialmente ni de investigadores o científicos célebres graduados en universidades renombradas. Recordemos siempre que las mentiras se pueden disfrazar de verdad, que se puede llegar a mostrar a un mártir como si fuera un delincuente. Hay que estar muy conscientes y atentos a esto y tener presentes las siguientes frases: "En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario" (George Orwell); "Aunque la verdad esté en minoría, sigue siendo verdad" (Mahatma Gandi). 








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